
Aquí tienes el contenido exclusivo del mes de noviembre
LAS HISTORIAS QUE OCULTAN NUESTROS OBJETOS FAVORITOS
Dicen que tumbarse una vez al día en el suelo, es de lo más saludable. No me preguntes muy bien por qué, pero lo cierto es que sienta muy bien. Además, si lo haces en medio del salón de tu casa, es la oportunidad perfecta para hacer un escaneo detallado y consciente de la sala, ver qué objetos te observan y qué dicen sobre tí a través de las historias que esconden. Al menos es lo que hice esa tarde.
La casa estaba vacía, -algo que no pasa mucho últimamente-, mi cabeza sin embargo rebosaba emociones agridulces. El calendario me chivaba la fecha, 29 de octubre, un día normal para muchos, el cumpleaños de mi madre, para mí y 16 años sin poder celebrarlo. Recordé esa caja de la que te hablaba en la carta, "sin nombre ni historia" e insistí un poco en ese escaneo dejando que se pasearan mis ojos alrededor de la habitación y me paré en varios objetos, que me hicieron viajar por un momento en el tiempo. Fueron viajes agradables, llenos de historias dispares. -Tengo que hacer algo con esos objetos- pensé.
Me levanté y se me ocurrió involucrar a los míos. Algunos días después, mientras cenábamos, les hice pensar en un objeto de la casa, al que le tuviesen un cariño especial. Una vez acabado el postre, y con el objeto elegido les pedí coger papel y lápiz y contestar a estas preguntas:
-
¿Qué historia guarda ese objeto para tí?
-
¿Qué emoción te nace al verlo?
-
¿Qué sucedería si un día lo perdieras? ¿Qué perderías realmente?
La verdad es que no me esperaba que nadie me hiciese caso. Normalmente pasan bastante de mí, - ¿Y además quieres que lo escribamos? - Sí, por favor. - Y para mi sorpresa, ¡lo hicieron! Y no sólo eso, además lo disfrutaron.
La elección que más me sorprendió fue la de mi marido. Eligió la gran hucha en forma de cerdito, que más de 10 años atrás compramos en un vivero, sin ninguna intención especial. Y lo que escribió sobre ella, me emocionó mucho.
"Lo mas bonito de ese objeto es pensar en que cada moneda que sacábamos fue un momento de nuestro pasado, no sólo una moneda. Había monedas que pusimos cuando no teníamos hijas. Monedas de hace una semana. Monedas del cambio de la compra de un día que no recordaremos más. Cada moneda era un momento del pasado y no sólo un trozo de metal con un valor pequeño. Y qué mejor manera de usar esos momentos pasados que con un viaje futuro, como el que hicimos en familia este verano."
Sergio




Lo más especial de un objeto es lo discreto que es con respecto a su historia: las conchas que viven en la encimera de la cocina, pueden ser para algunos sólo conchas, y al mismo tiempo para otros ojos, ocultar la historia más bonita de todas.
Y hablando de estas conchas, te contaré su historia. Si me llevas siguiendo la pista un tiempo, me habrás oído hablar de una isla llamada La Graciosa. un lugar donde me siento afortunada por decir que me ha visto crecer. Y mira que me gusta viajar, y cuanto más lejos mejor, pero aún no he encontrado lugar en el mundo que supere lo que siento al estar ahí.
Ahí donde las ves, brillantes, preciosas, estas conchas tienen más de 30 años. Un verano como otro cualquiera paseaba con mi madre de camino a la playa (tendría yo unos 6 - 7 años) y cada poco nos encontrábamos a un señor mayor, de unos 70 y muchos años, graciosero, vestido con pantalón marrón mezclándose el color de su pantalón con el de la arena, camisa oscura, remangada de forma desenfadada, y sombrero graciosero, descalzo y con paso saludable. Siempre caminando al atardecer, siempre nos pillaba volviendo a casa y siempre, siempre que nos lo cruzábamos, nos paraba y con la mayor sonrisa del mundo, una sonrisa, de esas que se tatúan en el fondo del alma, cogía mis manos y me regalaba estas conchas. Jamás dijo una sola palabra. Ni siquiera "hola". No hacía falta. Sólo nos sonreía y se marchaba.
Estas conchas para muchos, serán sólo conchas bonitas. Pero para mí, me hacen viajar en el tiempo, y cerrando los ojos vuelvo a estar paseando de vuelta a casa con mi madre por esas costas, sintiendo el sol en la espalda, y recibiendo la bondad de este señor, que me vincula con la isla a través de este objeto, y recordándome que nunca sabes lo mucho que pueden significar para alguien esos pequeños actos de cariño, que perduran con tanta fuerza, más de 30 años después.
Algún día me tatuaré esas conchas. Lo tengo claro. Al igual que me tatué parte de esa isla. Por ahora las tengo siempre cerca, por lo inmensamente feliz que me hacen sentir. Oh! Y en Etsy encontré a un artesano que las hacía en colgantes. Por supuesto, no dude un segundo y me compré uno. Si esta historia no se la hubiese contado a mis hijas, ese colgante sería poco más que eso: un colgante bonito. Pero ahora saben, que no sólo es mi colgante favorito, sino que conocen el maravilloso significado que esconden esas conchas y ahora el colgante, para mi.


Si sólo quieres hacer una pregunta,
sin duda la que haría sería:
¿Qué representa este objeto para tí, que nadie más sabe?
Y si te apetece ir más allá y pasar un rato íntimo y entretenido con los tuyos, te animo a completar el resto de preguntas que te sugiero a continuación, contestando a mano en un papel o en tu cuaderno favorito y haciendo un pequeño dibujo o pegando una fotografía del objeto al lado.
MEMORIA DEL OBJETO
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Nombre del objeto (si lo tiene, o se lo quieres dar).
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Lugar en casa al que pertenece.
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Fecha aproximada de llegada.
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Quién lo trajo y por qué.
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Tres detalles físicos.
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Su historia secreta.
-
¿Qué emoción dominante te surge con más fuerza a ver ese objeto?
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Si lo perdiera, perdería…
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Cuidado/ritual; ¿tienes algún ritual vinculado a ese objeto?
-
A quién lo legaría.
-
Fecha y firma.

Y hasta aquí, el contenido de este mes. Espero que te haya gustado y si te apetece, ¡escríbeme! y cuéntame qué objeto has elegido y que historia esconde para tí. Me encantará leerte.
Con cariño,

Si este contenido ha llegado a tí, porque alguien cercano y especial se ha acordado de tí y te lo ha mandado, déjame contarte algo...

Tengo una misión: llenar tu buzón de cartas repletas de vida e inspiración.
En un mundo cada vez más digital, más rápido y estresante, doy un paso atrás para distanciarme un poco de todo este jaleo, y apostar por recuperar esta forma de conexión, que tanto me apasionaba de pequeña/adolescente. Si eres como yo, una enamorada de este medio, y además te llama la idea de documentar tu vida de manera creativa y significativa, únete al club de cartas físicas de La Casa del Hipocampo. Recibirás cada mes en tu buzón de casa, una carta física escrita por mi, sobre historias de la vida cotidiana y reflexiones personales para ayudarte a ver y documentar tus propias historias. Y por qué no, alegrar el buzón de casa, que a todos buena falta nos hace, con otras sorpresas incluídas en la carta.


